
Don Hugo: Quiero recordar que fue Paris quien la alabó… aquello de que «por el portante reconocí en ti a la diosa».
Don Víctor: Supongo que sí sería Paris, quien, aunque cobardón, era sensible y muy fino en el gusto.
Don Hugo: Es cierto: a él, que sólo tenía ojos para Helena, únicamente la diosa Afrodita pudo hacerle girar la cabeza.
Don Víctor: Ya lo dijo Baudelaire, que la belleza es esa suma de arquitectura y movimiento… ¡Cómo no andaría la diosa Afrodita envuelta en el peplo!…
Don Hugo: Los primeros que plasmaron todo eso fueron los pintores de vasos, aunque seguramente también los muralistas, que no conocemos.
Don Víctor: ¡Qué escandaloso contraste con lo que hacían los escultores, tan a la egipcia!
Don Hugo: Bueno, reconózcame, don Víctor, que en los relieves pronto empezaron a soltarse el pelo y a ensayar posturas y actitudes a cuál más variada…
Don Víctor: Sí, don Hugo, lleva usted razón, al fin y al cabo es un dibujo al que se da bulto atacándolo de frente, pero la revolución no se produjo hasta que se decidieron a hacer grandes estatuas que previamente habían modelado en blando, con todas sus torsiones, tensiones, distensiones, transparencias…
Don Hugo: Vamos, que se acabó aquello de tallar el bloque avanzando desde las cuatro caras opuestas, dos a dos… En adelante, ¡los grandes bronces!
Don Víctor: Afrodita muy bien podría ser exponente del Ars incedaria.
Don Hugo: ¡Arrea, don Víctor!… ¡la Gradiva!, esa novela que tan bien analizó Freud, demostrando los vínculos inconscientes entre vulnerabilidad, magia e intimidad… ¡y todo ello a partir de un tobillo pompeyano!
Don Víctor: ¡Y dale con el sexo!… pero en el fondo tiene usted razón… Repare en que lo primero que se enseña a las modelos de alta costura es a caminar.
Don Hugo: Cuando éramos jóvenes: áulicas y pausadas. Hoy en día: apresuradas, marciales y desafiantes.
Don Víctor: Yo, a aquellas diosas las imagino desplazándose con cadencias de galera, un tanto procesionales.
Don Hugo: Sea como fuere, esas palabras de Paris son el primer registro de un piropo digno de ese nombre que nos haya legado la Civilización.