
Don Víctor: Los más próximos fueron los artistas paleocristianos. Alguna tradición pudo llegarles de los verdaderos rasgos de Cristo.
Don Hugo: Quite, quite, don Víctor, que entonces regía el tabú de no reducir a Dios en una imagen. Cristo no pasa de ser un pastor de ovejas, un filósofo, un efebo imberbe… símbolos, pero no retratos.
Don Víctor: Sin embargo los bizantinos incorporan la majestad hierática de los emperadores, como corresponde a todo un dios y aciertan con la barbada faz siríaca y la melena, que por algo se habrán impuesto hasta nosotros.
Don Hugo: ¡Quia, eso son conjeturas orientalizantes! ¿No le parece infantil sentar a Dios en un trono, que es a lo que más puede aspirar un hombre?
Don Víctor: Pues el románico, no creo yo que…
Don Hugo: Es cierto que aquellos frescos, renunciando al bulto y a la profundidad, sacan a Cristo de nuestro espacio contingente. Evocan una realidad que no es la nuestra, pero en lugar de aportar nuevas dimensiones, reducen aquéllas que podemos percibir y nos alejan de la divinidad.
Don Víctor: Siguen la dirección inversa a la correcta… Entonces, ¡vayamos pues con el Renacimiento! Ése sí que recupera el espacio y la naturaleza, pero ya no contingentes, sino trascendiendo un orden superior. Creo que hemos llegado al momento clave… ¡el 1500!
Don Hugo: ¿Qué quiere que le diga, don Víctor? Acaso aquellos artistas se acercaran más que nunca, pero ¿no resulta todo demasiado fácil, claro como para que lo entienda un niño? ¿De verdad está todo ahí?…
Don Víctor: Me niego a dar por buena la imagen del Barroco, mucho más humana que divina. Hacen de Cristo uno de nuestros héroes, al alcance de los poetas épicos, los novelistas y los trágicos. La verdad, don Hugo, no sé adónde quiere usted ir a parar… Como no se me haya hecho usted protestante, que es la confesión de la impotencia del Arte…
Don Hugo: Adonde debemos dirigir nuestra mirada es a los artistas que buscaron el misterio de Dios, todo aquello que para nosotros es una paradoja, lo desconcertante en Cristo, lo que no encontramos en todos los reduccionismos anteriores…
Don Víctor: Claro, ¿cómo va a entender nuestra carne que el rey venga a servirnos; que Dios se haga hombre y, para más inri, pobre; que la muerte nos dé la vida?…
Don Hugo: … que la derrota sea la victoria, que los últimos serán los primeros
…Don Víctor: … y lo que dice San Pablo: que cuando es débil, es fuerte… Creo que le adivino y le doy la razón, don Hugo: Pontormo y sus amigos manieristas son quienes mejor expresan lo inexplicable, lo ilógico, lo demencial, lo inadmisible de Cristo.