
Don Víctor: ¿Y después de tantas veces de venir a Ibiza desde aquel primer viaje que hicimos juntos los dos matrimonios…
Don Hugo: ¡Hace ya medio siglo, don Víctor!
Don Víctor: … realmente ha llegado a encontrar lo que estaba usted buscando: aquella utopía de Heinse?
Don Hugo: ¡Ay, don Víctor, he encontrado tantas cosas que me encantan!… incluso de aquel sueño pudimos percibir bastante en los primeros años.
Don Víctor: Desde luego, don Hugo, el encanto de la vida payesa, con sus costumbres tradicionales y su candidez primitiva…
Don Hugo: Nada como esas casas en el campo con los suelos de tierra pisada…
Don Víctor: … o esos cercados con el hato de ovejas acarradas bajo la higuera.
Don Hugo: Y de alguna manera fue como si viéramos pasar a Ardinghello y sus amigos reencarnados en aquellos hippies rubios, ávidos de amor libre, poligamia, hedonismo e impregnados de un espíritu rebelde y libertario.
Don Víctor: Y con qué discreción se cruzaban con ellos las diminutas payesas, imperturbables en la comunión risueña con su lugar y su forma de vida.
Don Hugo: ¡Ay, las payesas!
Don Víctor: Que hayamos tenido que asistir a su desaparición…
Don Hugo: Don Víctor, ¡que se nos va el mundo!