La noche

Don Víctor: Y ahora que ya estamos en el bosque y en lo más profundo de la noche, dígame, don Hugo, cuál es esa pregunta que requería tan complicada mise en scène.

Don Hugo: Piénselo bien, don Víctor… La pregunta es: “¿Por qué la noche es mujer?”

Don Víctor: ¡Atiza, don Hugo!… Pues yo veo dos facetas en principio contradictorias, que no sé si sabría desentrañar… por un lado, la noche es el fin de la jornada laboral…

Don Hugo: … y por tanto la liberación de la líbido, con la ansiedad sexual que ello genera…

Don Víctor: … es verdad, es verdad… y también es sosiego y refugio frente al bullicio del día.

Don Hugo: Muy bien visto, don Víctor: la noche es entonces también el claustro materno… ¡Vamos bien!

Don Víctor: Por otra parte, si Dios es Luz y aporta la claridad para comprender, Satanás es la oscuridad, la confusión y el caos. Por tanto la noche es diabólico aquelarre.

Don Hugo: Pero es verdad que hay contradicciones. Recuerdo cuán odioso se les hace el día a Iseo y Tristán en la noche del jardín, tanto que no querrían que amaneciera nunca.

Don Víctor: Como Romeo y Julieta, que sólo quieren oír al ruiseñor y que la alondra no les traiga el día…

Don Hugo: ¿Por qué no cantamos, don Víctor?

Don Víctor: Pero, ¿a Wagner o a Gounod?

Don Hugo: No hombre, a Raphael. (cantando:)» ¡Maldigo al Sol que se llevó / Tus juramentos y mi fe!»

Don Víctor y don Hugo (cantando ambos:)» Tu amor el día me hace odiar. / La noche apaga mi rencor».

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