
Don Víctor: Estaba leyendo ayer una novela, hoy desconocida, que saqué de la biblioteca de mi abuelo: «Casta de hidalgos», de Ricardo León.
Don Hugo: ¡Ah, sí, el autor de «El amor de los amores»!
Don Víctor: Le he anotado un pasaje, que me llamó la atención, sobre lo que sintió uno de los personajes ante la pérdida de Cuba: «… sufrió otro golpe, asestado en lo más vivo de su grande alma de patriota: la catástrofe nacional, aquella vergonzosa derrota del pueblo de hidalgos enfrente de aquel otro pueblo de mercaderes y judíos, la pérdida del Imperio de Indias…»
Don Hugo: Recuerdo cómo mi padre se refería a aquello como una tragedia familiar: él tenía ya catorce años cuando el desastre.
Don Víctor: Otro tanto se vivió en mi familia. Se ve que tuvo que afectar a todos… Yo también recuerdo cómo mi abuelo torcía el gesto cuando se oían ciertas habaneras…
Don Hugo: ¡Con lo bonitas que son todas!
Don Víctor: Sí, pero meneaba la cabeza y decía: «No se puede hablar así; las señoritas cubanas son todas muy decentes».
Don Hugo: ¿Él estuvo en la guerra de Cuba, verdad?
Don Víctor: Claro, los años que pasó en la guerra carlista no le fueron computados y hubo de hacer además el servicio militar con los alfonsinos.
Don Hugo: ¿Recuerda usted, don Víctor, aquella escena de «Gigantes y cabezudos» en que vuelven los combatientes a Zaragoza?
Don Víctor: ¡Todavía se le encoge el estómago al público!
Don Hugo:Aquellos repatriados descalabrados y enfermos son la viva imagen de una España derrotada y desalentada.
Don Víctor: Sí, don Hugo, ¡la generación del 98!
Don Hugo: Se sintió como una expulsión del Paraíso… Fíjese usted que hasta un suizo como Max Frisch evoca fascinado la belleza de hombre y mujeres de La Habana, según él mestizos de negro y español, tipos espléndidos, de porte altivo y cimbreante.
Don Víctor: ¡Todo aquello tuvo que ser un grandísimo dolor!… ¿Cómo era la letra de aquella guajira que tan bien interpreta Salmerón?…
Don Hugo: ¡Sí, hombre! (cantando:) «La naranja es amarilla…
Don Víctor y don Hugo (cantando:) … El limón color de caña
Y en medio de las Antillas
Está el corazón de España»