Médicas y enfermeros

Don Víctor: ¡Cómo se parece esto de «médicas y enfermeros» a aquellas inversiones carnavalescas del mundo al revés que tanto gustaron siempre!

Don Hugo: ¿Se está usted refiriendo, don Víctor, a las clásicas destrozonas? Dentro de la perspectiva psicoanálitica, cuando el hombre se disfraza de mujer en las Carnestolendas estaría satisfaciendo esa pulsión homosexual oculta en todos nosotros.

Don Víctor: Sí, pero con sus ademanes groseros y su grotesca hipertrofia de pechos y trasero, deja bien claro que no es un marica.

Don Hugo: Efectivamente. Satisface así un deseo solapado, pero preservando su integridad psíquica y social.

Don Víctor: Lo que sí le digo, don Víctor, es que en el hospital hay mayoría de personal femenino, tanto entre los médicos como entre las enfermeras.

Don Hugo: ¿Enfermeras?… Querrá usted decir «enfermeros».

Don Víctor: Ya no se sabe lo que tiene que decir uno; con estas consignas autoritarias que se apoyan en la manipulación previa del lenguaje, me siento sujeto de una reeducación maoísta en toda regla.

Don Hugo: Ha dado usted en el clavo, don Víctor. Emitiendo decretos sobre el lenguaje, manipulan el ADN de la sociedad y, sobre todo, el orden natural, dando así paso a una nueva antropología…

Don Víctor: …¡demencial!… pero discúlpeme, don Hugo, que me vuelve a apretar la vejiga…

Don Hugo: Ahí tiene usted los servicios, don Víctor… pero mire usted bien donde se mete… no se nos vaya a equivocar.

Don Víctor: Hombre, don Hugo, ¿dónde quiere que me meta?…¡pues donde está pintado el monigote ese con espada y chambergo!

Don Hugo: Eso será porque usted quiere… ¡Qué carnaval!

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