
Don Víctor: Vamos a refugiarnos a la sombra de aquella estatua, don Hugo, a ver si me recupero un poco de estre bochorno.
Don Hugo: El mejor sitio para decirle una cosa que o la suelto o me va a estallar dentro: que desde el primer momento todos los indios fueron españoles y súbditos de la Corona.
Don Víctor: ¡Ah, claro, si es que se trata de la estatua del Inca Garcilaso de la Vega!
Don Hugo: ¿Sabe usted, don Víctor, que antepuso «Inca» a su nombre una vez que fuera a España y entonces tomara conciencia de su doble origen?
Don Víctor: No sé dónde leí que el nuevo nombre es el rótulo del hombre nuevo.
Don Hugo: Recuerdo perfectamente que escribió: «Mestizo me lo llamo yo y a boca llena, y me honro con él».
Don Víctor: Acabo de leer que en la Manila española del siglo XVII un importante noble legó toda su fortuna a su hijo mayor, que era mulato; y que esto era lo habitual, lo mismo en las más lejanas posesiones del Imperio Español que en la propia Corte…
Don Hugo: … con toda la naturalidad del mundo…
Don Víctor: ¿Quién, sino un español, podría escribir como Gonzalo Fernández de Oviedo al Emperador que » los hombres, que en una parte son negros, en otras provincias son blanquísimos, y los unos y los otros son hombres»?