Decálogo del Arte Contemporáneo

Don Víctor: Entonces, don Hugo, ¿los tiene ya todos?

Don Hugo: Creo que sí, don Víctor. La primera condición es el primitivismo y la ausencia de técnica.

Don Víctor: Claro, no hay ninguno que los orille, de Gauguin para acá.

Don Hugo: La segunda, la arbitrariedad.

Don Víctor: ¿La de Duchamp convirtiendo en objeto artístico un urinario?

Don Hugo: ¡Clavado! La tercera es la humorada.

Don Víctor: Hamilton titulando aquel collage: «¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan atractivos?»

Don Hugo: La cuarta, el malestar en la civilización.

Don Víctor: Sigmund Freud, ¡ay, perdón!… Francis Bacon, que transforma en repugnantes hasta los cuadros de Velázquez.

Don Hugo: La quinta, lo escatológico.

Don Víctor: Los calzoncillos cagados de Dalí y la caca enlatada de Manzoni.

Don Hugo: La sexta, el feísmo.

Don Víctor: No sabría dónde escoger entre tanta abundancia. Pongamos alguna cosa de Grosz.

Don Hugo: La séptima, el onirismo.

Don Víctor: Entre los mejores, Chagall, Delvaux y de Chirico… el que usted prefiera.

Don Hugo: La octava, el izquierdismo.

Don Víctor: «Picasso es comunista, yo tampoco».

Don Hugo: El noveno, las drogas.

Don Víctor: Yo elegiría una de esas grandes composiciones pintadas por Pollock en el suelo.

Don Hugo: El décimo, el camelo.

Don Víctor: Aquí también es muy difícil decidirse… pongamos a Christo, que sirve para empaquetar monumentos, como un empleado temporal de El Corte Inglés en Navidades.

Don Hugo: Muy bien elegido, don Víctor, pero tenga en cuenta que estas diez condiciones se resumen en una que no pasa nunca aunque, por manida, debiera ser la primera en gastarse: la provocación.

Don Víctor: La performancista esta tan pelmaza: la Abramovic.

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