Verdadero compromiso

Don Víctor: No me ha contado todavía, don Hugo, qué quería decirnos usted con aquello de La Boétie, en pleno paseo por el Gran Canal, que tanto hizo reír a las señoras y a nosotros con ellas.

Don Hugo: Reconozco que pude mostrarme demasiado pedante, queriendo añadir algo a los esplendores que se nos ofrecían, con una rebuscada comparación entre Venecia y la Francia de provincias.

Don Víctor: «Y sé, con toda seguridad, que La Boétie, de haberse visto en trance de escoger, habría preferido nacer en Venecia antes que en Sarlat», escribe Montaigne.

Don Hugo: Sí, quien por cierto añade: «Y con razón». Lo que yo pretendía era hacerles reflexionar a ustedes sobre esa insobornable exigencia, ese desafío intelectual y moral que obliga a todo auténtico creador, y que no es otro que el de no contemporizar nunca ni con su tiempo ni con su patria. Montaigne recalca incluso que La Boétie tenía un espíritu moldeado por el patrón de otros siglos, ajenos a los suyos.

Don Víctor: Parecía un romántico este La Boétie, rechazando patria y época.

Don Hugo: ¡Cuánto no tomarían los románticos del Barroco!

Don Víctor: Quien más desesperadamente haya abrazado este impegno es, sin duda alguna, Pasolini. Afirma sin ambages que todo aquel poeta o novelista, o director de cine -todo lo que él era- que encuentre complicidad, connivencia o comprensión en su sociedad, no es un verdadero autor.

Don Hugo: Cierto: «Un autore non può che essere un estraneo in una terra ostile: egli abita la morte anziché la vita».

Don Víctor: ¡Lástima que no se lo dijera a las señoras, don Hugo!… ¿Por qué no se vienen Dolores y usted a cenar a casa mañana mismo?

Don Hugo: Cuente con ello, don Víctor. A las nueve en punto estamos ahí… Hemos de hablar también a este propósito de Cristo.

Don Víctor: ¡Ah, claro!… es por aquello que escribe San Juan, que «el profeta en su tierra no tiene honra».

Don Hugo: Para más inri, Cristo, ante sus paisanos, adivina cómo piensan mal de él por haber prodigado sus milagros en Cafarnaúm y no en su pueblo. Les recuerda además cómo Elías, en tiempos de hambre y viudas en Israel, fue enviado a remediar a Sidón y no a su patria, igual que Eliseo curó al leproso sirio Naamán cuando había tantos malatos en Israel.

Don Víctor: ¿Y no le parece que Pasolini es quien lleva con mayor rigor la imitación de Cristo, a pesar de su ateísmo declarado?

Don Hugo: Yo estoy seguro, don Víctor, de que Pasolini es más cristiano que usted y yo juntos. Claro está, que en su subconsciente.

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