
Don Hugo: Desde luego, don Víctor, con su televisor se siente uno en una sala de cine. ¡Qué tamaño de imagen, qué definición y qué presencia de sonido!
Don Víctor: Sí, sí, se empeñaron los chicos en comprármela por mi cumpleaños. .. Yo que no la veía nunca… y aquí me tiene usted, don Hugo, más contento que si estuviera asistiendo otra vez a cómo gana Abebe Bikila el maratón en los Juegos Olímpicos de Tokio.
Don Hugo: Ah sí, que para esa ocasión llevó zapatillas; no lo ganó descalzo como en Roma… A esa chica rusa, Yelena Isinbayeva, tampoco hay quien la bata con la pértiga.
Don Víctor: Fíjese qué cerca la tenemos. Cómo le titilan las perlas del sudor en la frente. Me resulta, tras el esfuerzo, aún más bella…
Don Hugo: Ese jadeo bombeándole el pecho, esa hinchazón de las venas en los miembros tan fibrados, ese temblor en los músculos aun tensos, ese rostro demudado por la fatiga…
Don Víctor: Sí, sí, todo ello la enaltece y aún la adorna más.
Don Hugo: Antaño sólo la bailarina podía entregarse y ser admirada en su esfuerzo, siempre y cuando retuviera en su rostro una sonrisa de máscara.
Don Víctor: En cambio, en los hombres se reconocía cuánto los ennoblecían los rigores del combate.
Don Hugo: Me vienen a la mente aquellas líneas de «Las Sergas de Esplandián» en que se glosa y alaba precisamente esto que usted acaba de decir: «Quitando los yelmos de las cabezas, parecieron sus rostros hinchados, mancillados de aquellos grandes golpes que les habían dado, que no por feos eran juzgados, mas por tan hermosos como las piedras preciosas, considerando con qué esfuerzo, con qué valentía, y con cuán grande afrenta, y tan peligrosa de sus vidas, los habían recibido».
Don Víctor: Felizmente, nuestras compañeras lo son ahora también en esto, aparentemente contradictorio, de la belleza desemejada, que no es otra cosa que la expresión de lo humano en su feliz plenitud.
Don Hugo: Ya Bernini presintió a estas atletas capaces de ganar una carrera sin respeto a la femenina compostura: ahí tiene usted a la bella Dafne, más rápida que Apolo.