Prisa

Don Hugo: Tal como le digo, don Víctor, ¡el monumento a la impaciencia!
Don Víctor: ¿Pero de verdad piensa usted, don Hugo, que hoy en día podemos ponernos a esperar doscientos años a que seis tilos bien criados alcancen el porte de , pongo por caso, los de la Granja?
Don Hugo: Pues antes se hacía y bien que lo disfrutamos ahora. Y esto, ¿le hace a usted disfrutar? Pues dentro de ciento cincuenta años, tampoco.
Don Víctor: Antes lo habrán fundido para chatarra… Si resulta que estas cosas eran flautas y mugían con el viento.
Don Hugo: ¿Qué me dice usted, don Víctor?
Don Víctor: Ha habido que obturarlas pues hacían la vida imposible a los vecinos y las han reducido a mero regalo para la vista.
Don Hugo: Pues, hombre, es de agradecer, pero por lo menos han ocupado este cruce deprisísima.
Don Víctor: De eso se trata. No hay tiempo que perder. Por eso nuestro héroe es ahora Usain Bolt.
Don Hugo: Qué tío más simpático.
Don Víctor: Corre tan aprisa los cien metros lisos, que si fuera capaz de mantener esa velocidad por tiempo indefinido, después de un buen almuerzo…
Don Hugo: Eso siempre es importante.
Don Víctor: … saliendo de Jamaica a las dos de la tarde, pongamos por caso, se plantaría en Nueva York ¡a las seis de la mañana!
Don Hugo: Pues le digo yo a usted lo que en el schotís del señor Macario: “¿y qué haces tan temprano en Nueva York”?

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