La barca de Dante

Don Hugo: Don Víctor, inténtelo usted con una mente más abierta. Yo mismo creo entrever la barca de Dante más allá de aquellas ondas procelosas…
Don Víctor: Qué quiere que le diga, don Hugo, a mí me hace el efecto de un conjunto de elementos con los que hacer un cuadro, pero esto no es un cuadro acabado.
Don Hugo: Este Dante, qué modestia y qué respeto por los antiguos a la hora de justificar su obra colosal.
Don Víctor: Yo echo de menos esa actitud en nuestra época, tan soberbia.
Don Hugo: Soberbia, cursi e ignorante, “que desprecia cuanto ignora”. Por ejemplo, ahora resulta que hay que recurrir al barbarismo «gay» para no ser tildados de carcas.
Don Víctor: Como no teníamos términos…
Don Hugo: Sarasa, invertido, mariposón…
Don Víctor: ¡y expresiones! «De la acera de enfrente», «de la cáscara amarga», «tener o asomársele a uno la pluma», «a pelo y pluma»…
Don Hugo: «a vela y a vapor», «hacerle a la carne y al pescado»…
Don Víctor: Ahora bien, don Hugo, hay que reconocer que todo eso suena a rechazo.
Don Hugo: Se lo concedo, don Víctor, pero entonces ¿por qué no emplear “homosexual”, que es palabra neutra, perfectamente correcta y de toda la vida?
Don Víctor: Tiene usted mucha razón, don Hugo, porque a mí «gay» me suena a “loca” y eso sí que puede resultar insultante.
Don Hugo: A propósito de insultos, acuérdese de aquella adaptación teatral que vimos en el “María Guerrero”, precisamente de la Divina Comedia.
Don Víctor: ¿Aquélla en que Dante y Virgilio se daban un beso de tornillo en su famosa barca?
Don Hugo: Aquélla. Digo yo que si Dante era el dante, pues Virgilio tendría que ser el ricevente.
Don Víctor: ¡Dios nos coja confesados!

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