
Don Víctor: Me parece que nos hemos sentado en los asientos reservados a embarazadas y lisiados.
Don Hugo: Vamos, como aquello tan solemne de “Reservado a caballeros mutilados”.
Don Víctor: ¡Cuántas cosas habrá que han desaparecido!
Don Hugo: Por desaparecer, incluso la expresión “de antes de la guerra”.
Don Víctor: Por cierto, don Hugo, usted que pasó la guerra en Madrid como yo, ¿se acuerda de las famosas “píldoras del doctor Negrín”?
Don Hugo: Sí, ¡claro!, en mi casa las llamábamos “lentejas con carne” por la de gusanos que traían.
Don Víctor: Luego pasó la guerra y vino el moño “Arriba España”.
Don Hugo: Las cosas mejoran algo, pero recuerdo que en el mercado se pedían cantidades como “cuarto y mitad”…
Don Víctor: … y en verano metían “el género dentro por la calor”.
Don Hugo: ¿Recuerda usted, don Víctor, aquellos puestos de casquería?
Don Víctor: Naturalmente, donde se expendían “idiomas y talentos”.
Don Hugo: Es verdad, lengua y seso. ¡Cuántos años hace que no lo pruebo!
Don Víctor: Por entonces mi padre recuperó un coche que todavía tenía el “ahí te pudras”, pero nunca me dejaron ir allí con la tata.
Don Hugo: A mí me hizo mucha gracia cuando me cortaron mi primer traje de pantalón largo y chaqueta “de pedo libre”.
Don Víctor: ¡Pero si ésta es ya nuestra estación! Tenga cuidado, don Hugo, “de no introducir el pie entre coche y andén”.
Don Hugo: Mire, pues algo va quedando de aquellas fórmulas tan pintorescas.