Corot y el Gran Meaulnes

Don Víctor: Es tal y como usted me lo había descrito, don Hugo. No me lo podía imaginar. Si parece que estamos en Francia.
Don Hugo: Hoy hace un día tal cual un cuadro de Corot.
Don Víctor: Aquí me imagino yo a aquel maestro que traía a bañarse a sus alumnos en aquella deliciosa novela “El Gran Meaulnes”.
Don Hugo: ¡Y que lo diga usted, don Víctor! Pocas novelas retratan tan desde dentro el mundo de la adolescencia, con sus confusiones, conflictos, anhelos, quimeras…
Don Víctor: … en medio de aquel laberinto verde, de grandes cursos de agua, de bosques húmedos, de caminos misteriosos que se cruzan, de aldeas y granjas…
Don Hugo: Es lo mismo que busca Corot en sus paisajes: la senda hacia ese lugar mágico donde reside la felicidad.
Don Víctor: Por eso creo yo que puebla sus claros de danzantes feéricas…
Don Hugo: ¡Y en pleno realismo!
Don Víctor: Y como en tantas novelas francesas de la época, ¡qué amor a la escuela! Aquella enseñanza que vertebró la nación y la convirtió en una potencia moderna.
Don Hugo: Lo que allí puso en marcha Ferry, no venía al día siguiente otro a deshacerlo.
Don Víctor: Mientras que en nuestra España siempre estamos cortando de raíz el roble que puja para plantar en su lugar un advenedizo eucaliptus.

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