
Don Víctor: Bueno, don Hugo, que no le he visto a usted muy animado con la balada esa del ofertorio…
Don Hugo: Ahora resulta que a Dios nos lo van haciendo country…
Don Víctor: … pero country del malo… Claro, como la Iglesia nunca ha tenido música…
Don Hugo: Sí, la verdad, sólo mediocridades: Bach, Schubert, Mozart, Gounod, Victoria, Rossini, Verdi…
Don Víctor: ¡Qué horror!, ¡dónde esté Bob Dylan con letra meapilas!…
Don Hugo: No lo entiende usted, don Víctor, lo que pasa es que estos horrores tienen como objeto que no nos distraigamos en bellezas y estemos atentos al misterio de la transubstanciación.
Don Víctor: Pues sí, eso tiene que ser: que el Concilio Vaticano II ha tenido que dar la razón, ¡por fin!, al aguafiestas de San Agustín.
Don Hugo: Pero lo que desde luego no dijo nunca San Agustín fue que hubiera que llamar “solidaridad” a la “caridad”, “amigos” a los “hermanos en Cristo” o hablar de la “disponibilidad” de la Virgen; ni menos que hubiera que aplaudir en misa como hacemos a veces.
Don Víctor: Sí, como en un reality-show…
Don Hugo: La verdad, don Víctor, le quitan a uno la afición.