
Don Hugo: Don Víctor, que no es por aquí; que la Capilla Sixtina queda por allá.
Don Víctor: Espere, espere, don Hugo, que ya llegamos a algo que quería enseñarle antes.
Don Hugo: Pero si es Nerón… qué poco le aprovechó que le educara el más prudente de los hombres de su tiempo…
Don Víctor: Si es que por mucho que se empeñara el pobre Séneca… con la educación pasa como con la grasa.
Don Hugo: Caramba, don Víctor… eso sí que es una comparación ¡neroniana!
Don Víctor: ¿No ve usted que hay quien, por mucha grasa que ingiera, se mantiene hecho un figurín y que más de uno, en cambio, alimentándose como San Juan Bautista, sólo cría adiposidades?
Don Hugo: Visto de cerca, cómo se conoce que a Nerón le aprovechaban las grasas bastante más que las lecciones.
Don Víctor: Y hay que ver, con lo rico que era de pequeñín, tan despierto, tan cariñoso con su madre, tan salao, tan curioso de todos los saberes…
Don Hugo: Sí, ¡una monada!… pero le ocurrió como a la mayoría que, llegados a la adolescencia, se nos adocenaron… ¡por culpa de la educación!
Don Víctor: Ésa es la tesis de Montaigne; sin embargo, Ramón y Cajal se queja de que es el rebullir de las hormonas quien nos distrae a los chicos.
Don Hugo: Cuántas horas perdidas, cuántos cuidados y cuánta energía desperdiciada en aras de la procreación… algo así viene a decir nuestro médico.
Don Víctor: ¡Cruel encrucijada! ¿A quién atender: a Afrodita o a Atenea?
Don Hugo: Según el doctor Freud, la cultura y la civilización, en definitiva la humanidad, se asientan sobre la represión de la líbido.
Don Víctor: Entonces, don Hugo, si los que se entregan a la carne, son unos brutos que descuidan el saber y, por el contrario, los que se consagran a aprender, olvidan procrear, entonces los maestros se condenan a la esterilidad para poder enseñar algo a los hijos de los sementales.
Don Hugo: ¿Será por ello por lo que Montaigne desdeña a los profesores, achacándoles un cierto afeminamiento?
Don Víctor: A la postre, entonces, Montaigne da la razón a Ramón y Cajal…
Don Hugo: Y ahora me explico por qué fue siempre la Iglesia quien se ocupó de la enseñanza.