Plácido o la desmesura

Don Víctor: Está visto, don Hugo, que no puede uno ir a ningún sitio sin toparse con él. ¡Posee el don de la ubicuidad!
Don Hugo: Pero ¿seguro de que no se trata de un festival por vídeo-conferencia?
Don Víctor: De ninguna manera, eso no va con Él. Estos vieneses tendrán que meterse entre pecho y espalda todo un festival ad maiorem gloriam de don Plácido Domingo en carne y hueso…
Don Hugo: …que verifique cuantitativa, y por tanto científicamente, el inextinguible «domingocentrismo».
Don Víctor: ¡Qué superada queda ya aquella antigua trinidad!… No hay más que un Dios… un Dios capaz de marcar la agenda del mismísimo Rey de España y de ser en todo momento la persona indudablemente más importante.
Don Hugo: Un Dios además varias veces resucitado de hernias, neumonías y cánceres…
Don Víctor: El que toca las campanas, el que desfila en la procesión, el oficiante que eleva la Sagrada Forma, el novio en la boda y el difunto en el entierro.
Don Hugo: … el director en el foso, el apuntador en su concha, el tenor en el escenario y a veces incluso el barítono…
Don Víctor: ¡Y que vayan con cuidado las tiples, que ya anda ensayando el falsete!
Don Hugo: … el director del teatro y cualquier día ¡alcalde de Madrid!
Don Víctor: Ya no quedan personajes como éste, don Hugo. ¡Qué desmesura en todo, qué confianza en sus fuerzas, qué éxito en cuanto acomete!
Don Hugo: En nada se detiene, todo lo emprende, todo lo gana y en todo da lecciones y, sin embargo, uno por uno a todo hay quien le gane.
Don Víctor: Como personaje literario, es un titán fascinante, héroe indiscutible de la mejor novela.
Don Hugo: Lástima que le falte una cosa… saber cantar.

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