El Presidente, pintor de vanguardia

Don Víctor: Pero entonces, don Hugo, ¿cómo le parece que pinta la cosa? ¿Cree usted que el Presidente nos va a echar una mano con esto de la fundación?
Don Hugo: Le voy a confesar a usted, don Víctor, que sólo pude seguir las sinuosidades de su conversación hasta un cierto punto; luego, no sé cómo, me encontré considerando qué parecido compartía con el magnífico retrato que adornaba la sala…
Don Víctor: ¿Retrato… qué retrato? Allí no había ningún retrato…
Don Hugo: Haga memoria… junto a las banderas… Si estaba clavado: con esas gamas de colores evanescentes, formando manchas de perfiles difusos en un contexto delicuescente…
Don Víctor: ¡Acabáramos!… esa especie de Zóbel… ¡es su retrato!
Don Hugo: Evidentemente no se trata de un retrato florentino: el Presidente siempre se ha inclinado por la escuela veneciana, cromática antes que dibujística.
Don Víctor: Desde luego no le va la precisión de la línea clara.
Don Hugo: El color sin contornos ni superficies táctiles lleva a la desmaterialización y, a la postre, ¿no le parece que a la abstracción?
Don Víctor: Pues eso me ocurrió a mí, que me quedé abstraído y era como si le viera mover boca y manos, pero no llegaran los sonidos. ¡Cine mudo!
Don Hugo: … pero sin letreros y sin piano.
Don Víctor: Yo hacía un esfuerzo como cuando uno quiere despertarse y me llegaban jirones como de una parrafada de Cantinflas.
Don Hugo: Ahora lo ha entendido usted, don Víctor: Cantinflas es a la oratoria lo que la vanguardia a la pintura.

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