Friné

Don Víctor: Es una hora mágica la del crepúsculo, cuando la playa queda desierta y vuelve a ser aquel paraíso primigenio…
Don Hugo: No me sorprendería, don Víctor, que unos ángeles pintados por Dalí fueran a descolgarse sobre estas aguas y… ¡Atiza, mire usted eso, don Víctor!
Don Víctor: ¡Pero si es la propia Afrodita llegando a las playas de Chipre!
Don Hugo: Viendo a esa muchacha, uno entiende que absolvieran a Friné.
Don Víctor: ¡Yo ahora mismo la declaraba, incondicionalmente, libre de cargos!
Don Hugo: Si estuviera aquí Praxíteles, haría lo que con Friné: tomarla de una pieza como modelo para su diosa. Y no como el bárbaro de Zeuxis…
Don Víctor: ¿Ése que reunió a las cinco bellezas de Crotona y copió de cada una su rasgo más hermoso? De ésta, la mirada; de aquélla, la inclinación del cuello; la mano alada de la tercera, etc….
Don Hugo: ¡El mismo! Un bárbaro con todas las letras, como aquellos orientales que ideaban esfinges, grifos, toros alados…
Don Víctor: ¡Monstruos todos, carentes de unidad y de armonía!
Don Hugo: Qué duda cabe, don Víctor, de que esta muchacha nos ha deslumbrado precisamente por su carácter. ¿Cómo descuartizarla?
Don Víctor: ¿Qué le parece a usted, don Hugo, lo que me dijo Julita cuando mataron a Sharon Tate?…
Don Hugo: ¡Ah, sí!, aquella actriz tan bonita como un ángel, la mujer de Polanski…
Don Víctor: … pues que con lo guapa que era, seguro que habría ido al Cielo.

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