Porrina de Badajoz y la ley de Asch

Don Víctor: ¡Es inútil, don Hugo! ¡Volvamos atrás, que no hay quien entre al metro ahora!
Don Hugo: Nos ha venido a pasar como a aquellos tíos míos que, hace sesenta años, aquí en París, confundieron el pasillo y, abrumados por una masa en sentido contrario que les increpaba, se justificaban gritando: «Pardón, pardón, nous avons équivoqué!»
Don Víctor: Qué difícil es siempre ir a contracorriente…
Don Hugo: La ley de Asch establece que el individuo, en circunstancias normales, se moverá siempre en la misma dirección que el grupo.
Don Víctor: Yo creía que esa ley se llamaba de Vicente: «¿Adónde va Vicente?…
Don Hugo: Calle usted, don Víctor, menos chufla, que ese Vicente nunca llegó a cuantificar.
Don Víctor: El experimento ya lo planteó mucho antes Cervantes con aquello del yelmo de Mambrino y acaso fuera incluso homologado por la Academia de Argamasilla.
Don Hugo: Está usted hoy de lo más guasón, don Víctor, pero reconozco que es muy interesante en ese episodio cómo el barbero está a punto de admitir, y creer, contra toda evidencia, que su bacía sea yelmo…
Don Víctor: No me diga usted, don Hugo, que se va a acordar de la cita…
Don Hugo: Es algo así como… «¿Que es posible que tanta gente honrada diga que esto no es bacía sino yelmo? Cosa parece ésta que puede poner en admiración a toda una universidad».
Don Víctor: Está pidiendo a gritos que una universidad americana venga a cuantificar.
Don Hugo: Sólo la llegada de los cuadrilleros y lo que dicen los criados, salvarán al barbero de «moverse él también en la misma dirección que el grupo».
Don Víctor: Porrina, sin llegar a creérselo, canta por bulerías aquello de que «No he tenío más remedio…
Don Hugo y don Víctor (cantando): … no voy a tené más remedio, que agachá la cabecita y decí lo blanco eh negro».

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