El tranvía del tío Joaquín

Don Hugo: Como su hermano mayor era el especialista reconocido, un paciente, decepcionado, le espetó: «¡Ah, pero usted no es el as!», porque entonces no había en Madrid un urólogo como mi tío Isidro…
Don Víctor: Efectivamente, don Hugo, si hasta le consultaban y todo desde París…
Don Hugo: … a lo cual contestó el tío Joaquín: «¡No!… Yo no soy el as, yo soy la sota y usted ¡el caballo!»
Don Víctor: Qué salidas de chuleta tenía… y ¡mire usted que era poca cosa!…
Don Hugo: Sí, sí, pero ¡vaya un éxito el suyo con las féminas!
Don Víctor: ¡Un donjuán!… «Contadine, marchesine, principesse, baronesse…»
Don Hugo: Pero fíjese usted, don Víctor, qué maravilla… ¡si está pasando el tranvía!
Don Víctor: Es estupendo que en Viena hayan mantenido los tranvías, con lo limpios, silenciosos, agradables y previsibles que son y además que cabe todo un barrio en ellos…
Don Hugo: En Madrid qué tontamente los quitamos… pues, fíjese usted, al tranvía amenazaba con tirarse la Salus, una pobre chica abandonada por el tío Joaquín. ¿Y sabe usted con qué salió cuando le fueron con el cuento?
Don Víctor: Seguro que con que le iba a pedir perdón de rodillas…
Don Hugo: «Que me avisen en cuál para yo montarme».

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