
Don Hugo: Me acuerdo de aquello que me decía usted de que no sabemos ni siquiera cómo saludarnos.
Don Víctor: Ni saludarnos, ni hablar con el volumen de voz adecuado, ni mantener la limpieza de los lugares públicos…
Don Hugo: … ni descansar las horas debidas, ni dejar descansar, ni ahorrar…
Don Víctor: … ni atenernos a normas, ni aceptar la autoridad…
Don Hugo: Ya lo decía Hernán Cortés, que los españoles somos mayormente incomportables e importunos.
Don Víctor: … y esa aspereza en el trato…
Don Hugo: Sí, lo que le reprocha el embajador francés a Guzmán de Alfarache, que aquí todo lo llevamos «con fieros y poca vergüenza».
Don Víctor: Cuánto se ha echado en falta en la España de estos últimos siglos una clase burguesa suficientemente amplia y sólida.
Don Hugo: Verdaderamente influyente; que marcara la pauta a toda la sociedad, como en Francia o Inglaterra.
Don Víctor: Claro, es que aquí, con una burguesía tan escuálida, nos hemos tenido que mirar en los dos ejemplos extremos: la nobleza y el pueblo, tan lejanos el uno como el otro de la moderación, la sensatez, la buena educación.
Don Hugo: Y con esta falta de mimbres nos hemos encontrado viviendo una época donde todo estaba en función de los ideales e intereses de la burguesía.
Don Víctor: Hemos tenido que improvisar un papel que no conocíamos.
Don Hugo: Sí, ¡y algunos han metido cada morcilla!
Don Víctor: ¡Vaya par de burgueses que estamos hechos usted y yo, don Hugo!
Don Hugo: ¿Usted cree, don Víctor?…