Juampedrismo

Don Víctor: ¿El esclavo volsco de «Coriolano?… Pero, don Hugo, si siempre lo hemos tenido por un gran bellaco…
Don Hugo: Pues ahora encuentro que tiene razón en todo, punto por punto.
Don Víctor: ¡Viva la guerra!… ¡Qué cosa tan bonita!.. Ya puestos: ¡Viva la Muerte!
Don Hugo: Justamente lo contrario: la guerra trae multitud de bastardos…
Don Víctor: Cada vez lo pone usted mejor.
Don Hugo: … frente a la cobardía y la doblez del adulterio, en que tan pródiga es la paz…
Don Víctor: Hombre, sí, don Hugo, pero…
Don Hugo: … esa paz que es apoplejía, letargo, pereza, frente a la guerra estimulante, arrebatadora…
Don Víctor: Hombre, yo le concedo que…
Don Hugo: … la guerra que concita tan generosa fraternidad; y no como la paz que favorece el despego y hasta el odio entre quienes ya no se necesitan.
Don Víctor: Vaya una manera que tiene usted de leer a Shakespeare… Entonces estará usted a favor del restablecimiento de la mili, claro… Considere que no todos pudieron ser alféreces de complemento, como nosotros.
Don Hugo: La mili, don Víctor, no es más que una de otras tantas dificultades que venimos allanando a nuestros descendientes para que no sufran, los pobrecillos.
Don Víctor: Hombre, sí, pero me reconocerá usted que entre eso y la guerra…
Don Hugo: Lo que sí que tiene usted que admitir, don Víctor, es que entre todo lo que les evitamos y todo lo que les regalamos, hemos hecho de los jóvenes unos auténticos reyes holgazanes.
Don Víctor: Acabáramos… Esto es como los toros de antaño, fieros y encastados…¡había que lidiarlos!… Es como los toreros de antaño: con vergüenza torera; para ser alguien había que encerrarse con seis miuras.
Don Hugo: Y ahora, ya ve usted… con esos juampedros flojos, deslucidos, inofensivos e inválidos, que tanto gustan a las figuras ¡porque «se dejan»!
Don Víctor: Si es que yo creo que, como a los chicos de ahora, nos los crían con «petit suisse».

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