
Don Víctor: A mí el cuadro «Coin de table» me ha hecho pensar una vez más en lo que va de Francia a España. Compárelo usted, don Hugo, con «La tertulia del Café de Pombo».
Don Hugo: Considere usted, don Víctor, que de Fantin-Latour a Solana va medio siglo…
Don Víctor: … ¿Sí?, pues parece que fuera al revés; tiene uno la impresión de que el español fuese más antiguo que el francés…
Don Hugo: No le quito a usted razón… desde luego los poetas galos se presentan muy bien arreglados, bien vestidos y peinados, saludables y aseados, compuestos…
Don Víctor: Fíjese usted en cambio, don Hugo, en los de Pombo… si parecen secos monjes de Zurbarán: trajes y cuellos acartonados, cabellos grasientos, rostros adustos…
Don Hugo: Sobre el mantel impoluto, los cristales parecen de Bohemia, el azucarero es de plata, la porcelana es de la más fina…
Don Víctor: Directamente sobre el velador las tazas de loza, botellas y sifones, copas baratas…
Don Hugo: Centra la mesa una liviana planta cuajada de delicadas flores y abundan frutas de todas las clases. Asoma también un tiesto que derrama su verdor en el rincón.
Don Víctor: Ni fruta ni vegetal alguno, ni vivo ni muerto, refrescan la acre atmósfera de sótano mesetario.
Don Hugo: En cambio, un aire ligero y húmedo envuelve a los caballeros franceses, velando suavemente el conjunto.
Don Víctor: Los nuestros, por su parte, se concretan tiesos y aristados entre gruesos trazos negros.
Don Hugo: Yo veo algo de nube y de lírico en unos y de caverna y de trágico en los otros…
Don Víctor: ¡En nosotros!