Jota

Don Hugo: Esto siempre gusta. Cómo se entusiasma el público… Para mí, don Víctor, los únicos españoles con derecho a la independencia serían los pacíficos pitiusos.
Don Víctor: ¡Caramba, don Hugo…!, ¿está usted en su sano juicio?
Don Hugo: Claro, aquellas islas son las únicas que no han conocido ninguna variante de la jota.
Don Víctor: Ahora le entiendo; por eso, la más famosa de todas, la aragonesa, tuvo la virtud de suscitar tanto fervor patriótico en la España de la Restauración.
Don Hugo: «La Dolores» del maestro Bretón, las de «Los de Aragón» y la de «El trust de los tenorios» del maestro Serrano…
Don Víctor: … y la que fue un fenómeno: la de «El Dúo de la Africana», de Fernández Caballero. Leyendo periódicos viejos de la época del estreno, hablan como de efecto electrificante… ¡un entusiasmo incontenible que poseía sistemáticamente a los auditorios allá donde se representara!
Don Hugo: Lo que yo llamaría «mesmerismo patriótico».
Don Víctor: Yo pienso, don Hugo, que si don Isidoro Macabich hubiera gozado de una vida aún más larga, nos habría aportado al menos algún rastro de jota ibicenca , si bien tímidamente escondida tras alguna alteración rítmica acorde con las viejísimas danzas de los isleños.
Don Hugo: Me lo ha puesto usted en bandeja, don Víctor… ni siquiera los pitiusos tienen derecho a la independencia.

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