
Don Víctor: Y la fuente de la alcachofa, don Hugo, ¿dónde va?
Don Hugo: Ahí, don Víctor, en el centro de la glorieta.
Don Víctor: Pero, ¿no estaba en el Retiro?
Don Hugo: Es que es una réplica en bronce. La tenemos duplicada.
Don Víctor: Qué contento se pondría don Ventura Rodríguez de ver doblada su irónica cosecha. ¡Vaya manera de ensalzar el producto estrella de su pueblo, Ciempozuelos!
Don Hugo: A esta hermana pequeña se la conoce castizamente como la «Parturienta»; ya sabe usted, eso de que «rompe aguas al alba y da luz de noche»… Voy a ver si encuentro una bombillita por ahí…
Don Víctor: Tenga usted.
Don Hugo: A ver si me ayuda ahora usted con esto. Aquí traigo la rotonda de la estación de Moneo y el Observatorio de Villanueva.
Don Víctor: Qué bien ha hecho el navarro en homenajear al mejor de los neoclásicos… Ahora bien, don Hugo, no le parece que la estación vieja le ha quedado a usted un poquito hundida.
Don Hugo: Es que, por desgracia, las reformas nos la han ahogado, como al Panteón de Roma.
Don Víctor: Hablando de Roma, veo que ya ha iniciado usted el famoso tridente de Atocha, a imagen del que parte de la Piazza del Popolo.
Don Hugo: ¡Ay Roma! Ésa sí que sería una gran maqueta…
Don Víctor: Con este trajín y a estas horas, me está entrando un apetito… que de buena gana me comería un bocadillo de calamares.
Don Hugo: ¡A la romana! Vamos, don Víctor, bajémonos al Brillante.