Sé feliz

Don Hugo: Menos mal, don Víctor, que ya han quitado de la salida de Brunete aquel cartel que rezaba: «Adonde quiera que vayas, recuérdanos. Sé feliz».
Don Víctor: ¡Vaya con Brunete! Se conoce que pasó por allí «¡Viva la gente!» para el pregón de las fiestas…
Don Hugo: En cambio el otro día fui al parking municipal de Pozuelo y pone: «Feliz aparcamiento».
Don Víctor: Créame, don Hugo, hoy en día la felicidad obligatoria es el pensamiento único.
Don Hugo: Ya se adelantó el bueno de don Léon Blum con aquello de que «queremos individuos felices y no ciudadanos útiles».
Don Víctor: Pero lo suyo tiene un pase porque eran otros tiempos y la condición obrera, lamentable.
Don Hugo: Antes teníamos la decencia de desearnos felicidad sólo en las fechas señaladas: Navidad y cumpleaños…
Don Víctor: ¿Dónde acaba y dónde empieza esa felicidad?… Si parece un carrusel que nunca se fuera a detener… un carnaval permanente… a la postre una rueda satánica.
Don Hugo: Es el señuelo de una falsa felicidad permanente. Los espíritus quedan estragados de tan empachoso producto de consumo.
Don Víctor: Y la felicidad, como tal, ¡devaluada!
Don Hugo: Desnaturalizada…
Don Víctor: Suplantada… y ¡anulada!

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