Ser y devenir

Don Víctor: A la vista de este cielo vangoghiano uno se ve obligado a darle la razón a Heráclito, don Hugo.
Don Hugo: No mire sólo el cielo, don Víctor. Vea también la iglesia de Saint Nectaire: impertérrita ante toda esta ebullición, pregonando la permanencia del ser y dándole la razón a Parménides.
Don Víctor: No dude usted de que esa iglesia pasará también. Será historia, como todas las cosas de los hombres. Debería usted leer una cosa de Ortega…
Don Hugo: Ortega reduce el hombre a un ser exclusivamente histórico, lo cual no deja de ser una exageración; como también es exagerada la postura de Konrad Lorenz según la cual el hombre es sólo naturaleza.
Don Víctor: Entonces, ¿en qué quedamos?
Don Hugo: Ya lo resolvió Freud: el hombre es naturaleza y, a la vez y para su desgracia, cultura. Por ello está condenado a la infelicidad eterna.
Don Víctor: Admita usted, don Hugo, que unas causas engendran unos efectos…
Don Hugo: Muy al contrario: el ser es inengendrado.
Don Víctor: ¡Cómo puede negarme usted que todo no sea mudanza!
Don Hugo: El ser es inmóvil, don Víctor. No se deje usted engañar por la apariencia.
Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿no está ya demostrado que todo ser se descompone hasta partículas infra-atómicas?
Don Hugo: Eso nos parece por un conocimiento parcial del ser que, sin embargo, ¡hágame usted caso!, es indivisible.
Don Víctor: El ser, el ser, el ser… ¿pero qué ser es ése?, si hay infinidad de seres.
Don Hugo: Que no, que no, que el ser es único, que se lo digo yo.
Don Víctor: Usted, don Hugo, que es tan entendido en psicología, me va a negar que su comportamiento cambia de estar en la taberna con los amigos a vernos en una audiencia con el Rey a ver si nos patrocina nuestra fundación…
Don Hugo: Déjese usted de falacias situacionistas. Mi personalidad es la misma, es una, independientemente de las facetas que yo, como ser social y adaptable, pueda revestir.
Don Víctor: ¿No habrá entonces manera de superar esta dialéctica?
Don Hugo: Mejor que lo dejemos, don Víctor… no nos vaya a ocurrir lo que a Nietzsche. A punto estaba de llegar a la síntesis cuando reventó el pobre. Sin duda aquel esfuerzo lo mató.

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