Pereza

Don Hugo: Don Víctor, de hoy no pasa. Ahora mismo se sacude usted de encima esa abulia de los últimos días. ¡Venga!
Don Víctor: Deje, deje, don Hugo, ¿no recuerda usted cómo María agradó más a Nuestro señor con su adoración contemplativa que la azacanada Marta desviviéndose por obsequiarlo?
Don Hugo: Usted sabe bien, don Víctor, que San Anselmo censura la acidia por representar el alejamiento de Dios y cifrarse en la inactividad más improductiva.
Don Víctor: ¡Cuántas veces después de esa travesía en el desierto los acidiosos, precisamente por haberlo sido y haber padecido tanto, acaban anegándose en la divinidad!
Don Hugo: Todo eso está muy bien, pero es que lo suyo es pura pereza…
Don Víctor: Ya salió la condena interesada por parte de la moral utilitaria del burgués… ¡Como si uno fuera responsable de esta postración!… ¡Acabará usted por citarme a Bentham!…
Don Hugo: ¡Hombre, a tanto no llego!… pero, don Víctor, no me diga que es usted víctima de un acceso de melancolía…
Don Víctor: Mucho de eso hay, don Hugo… Creo que me encuentro como tantas veces les pasara a Miguel Ángel, Borromini, Cellini… pero no espere de mi melancolía frutos tan granados.
Don Hugo: Entonces, confirma usted pues lo de la melancolía…
Don Víctor: Creo que sí.
Don Hugo: Veamos… ¿cansancio crónico?
Don Víctor: Lleva camino.
Don Hugo: ¿Frío?
Don Víctor: Me paso todo el día al sol.
Don Hugo: ¿Apetito?
Don Víctor: Apenas.
Don Hugo: ¿Sentimiento de culpa?
Don Víctor: Se lo voy a confesar. Me siento como el último de los gusanos.
Don Hugo: Pues eso va a ser una depresión…
Don Víctor: No se apure y perdóneme usted, don Hugo. Mi sentimiento de culpa es porque le estaba engañando a usted. Estaba intentando compenetrarme stanislavskianamente con el pensieroso de Durero.
Don Hugo: Don Víctor, le perdonaré su broma cruel por el alivio que siento ahora… ¡Vamos, que nos esperan las señoras con una paella!
Don Víctor: ¡Sursum corda!

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