
Don Víctor: Desengáñese usted, don Hugo, que nada permanece para siempre, por mucho que fueran cosas de «toda la vida», que parecían destinadas a sobrevivirnos.
Don Hugo: ¿Le he contado aquello de uno que, bailando el chotis, llevaba una piedra a un lado de la bragueta y se arrimaba por ahí a la chica?…
Don Víctor: ¡Valiente truco!
Don Hugo: … y cuando la chulapa quería echarse al otro lado… ¡es ahí donde te espero!
Don Víctor: Yo me sé otra menos atrevida.
Don Hugo: Cuente, cuente, don Víctor…
Don Víctor: Esto fue en una boda en La Paloma. Le dice el cura al contrayente: «Isidro, ¿aceptas por esposa a Almudena?» «Sipi». Y a la contrayente: «Almudena, ¿aceptas por esposo a Isidro?» «Naturaca». Y entonces va el cura y dice: «¡Pues vaya caldibiris!»