
Don Víctor: ¿Y usted sabe, don Hugo, por qué San Mateo se quedó con el toro, y no San Marcos?
Don Hugo: Pues para mí, don Víctor, que fue para despistar… para ahuyentar la leyenda esa que baldona a todo un evangelista con los cuernos.
Don Víctor: De poco valió, porque el caritativo pueblo cristiano erre que erre: «La primer noche de novios / registrando por el cuarto / me encontré por un rincón / la bandera de San Marcos».
Don Hugo: Como que a los recién casados los llamaban «abanderados de San Marcos» y se decía que ya habían ingresado en la cofradía de ese santo.
Don Víctor: En las ferias de San Marcos siempre se lidiaron toros.
Don Hugo: ¡Claro!… si en Aguascalientes no hubiera mediado un milagro de ese santo, nos matan a José Tomás…
Don Víctor: Nuestro pobre evangelista no ha parado de trabajar por culpa de los cuernos… El Padre Feijoo constata cómo en algunos pueblos de Andalucía y Extremadura, por la fiesta del patrón San Marcos, el toro más bravo, apartado por los mayorales, asiste mansamente a misa la víspera de la corrida y se deja acariciar de los fieles.
Don Hugo: Anda, como en la copla aquella: «Estudiante, torero bueno, no mates a Civilón».
Don Víctor: No era el caso porque al día siguiente el toro bravo volvía por sus fueros. En cambio me acuerdo de lo que me contó un pastor anglicano en mi viaje de novios con Julita…
Don Hugo: Sí, claro, ¡en Cornualles!… Vaya un par de extravagantes que eran ustedes.
Don Víctor: … por la fiesta de San Marcos, arrastraban ante el sepulcro del evangelista a los toros más feroces atados con maromas; era pisar la piedra y poder soltarlos de sus prisiones pues quedaban mansos como corderitos.
Don Hugo: Para mí que este desvío de los cuernos hacia Marcos responde a la estrategia de preservar la honra de San José, padre putativo.
Don Víctor: «Di una assoluta inefficacia», tal y como dice nuestro amigo el profesor Gaggero.
Don Hugo: Vano intento. El pobre siempre fue escarnecido: en villancicos…
Don Víctor: «… y al pobre de San José le han roído los calzones…»
Don Hugo: … en la propia Iglesia Católica…
Don Víctor: … como aquel artículo de «Alfa y Omega» donde un cura ensalzaba a «San José, el consentidor»…
Don Hugo: … en el arte que siempre lo avejentó y lo relegó a un segundo plano…
Don Víctor: … El Bosco lo aparta lejos del pesebre para que se cuide de secar los pañales…
Don Hugo: Y qué mal lo lleva el pobre viejico… qué gesto tan avinagrado se le ha quedado de por vida, incluso en Rafael.
Don Víctor: Aun quisieron los franceses, a fuer de cornudos, atribuir ese patronazgo a uno de esos santos paleticos… Saint Loup, creo que se llama.
Don Hugo: Con tanto disimulo, lo único que se hace es multiplicar la nómina de los santos cornudos.