
Don Hugo: ¡Las vueltas que da la Historia, don Víctor! Este barrio, en el siglo XVII, era el mejor de Nápoles, trazado en damero y recién estrenado. ¡Si los españoles procuraban no aventurarse fuera de él, tal era la inseguridad del resto de la ciudad!
Don Víctor: Y yo, en cambio, ahora mismo, estoy incluso por sugerirle que volvamos a la calle Toledo, que no me gusta nada la catadura de estos vecinos…
Don Hugo: Pero, don Víctor, si usted y yo parecemos un par de abogados napolitanos.
Don Víctor: Ah, bueno, eso me tranquiliza, don Hugo, pero movámonos un poco, que me está goteando encima esta sábana tendida…
Don Hugo: Es lo que tiene de malo el color local, que será todo lo típico que usted quiera, pero es bastante fastidioso.
Don Víctor: ¡Cómo me recuerda la incomodidad de soportar la ropa tendida dentro de casa cuando tuvimos realojados durante la guerra!… Ustedes, ¿no los tuvieron?
Don Hugo: Sólo una familia de Méntrida un par de semanas, pero en casa de mis abuelos, que era enorme, les tocó un grupo de milicianos y no vea usted las que armaban. ¿Que tenían frío?… ¡pues a hacer astillas de una consola antigua!
Don Víctor: ¡Como en la Bohème!
Don Hugo: ¿Que había que celebrar una victoria de Modesto en el frente?… ¡pues a desvalijar los armarios, a descolgar los cortinones, a asaltar la bodega y a bailar disfrazados y a emborracharse!
Don Víctor: ¡Igual que los mendigos cuando se quedan solos en la casa de Viridiana!
Don Víctor: ¿Que hay que tapar las ventanas por los bombardeos?… pues como ya no quedan ni postigos ni cortinas… ¡hale, se rasgan los retratos de los antepasados y se pegan aquellos lienzos sobre los vidrios!
Don Hugo: ¡Los nuevos iconoclastas!… ¡Muerte a la idolatría!
Don Víctor: El caso es que aquí estamos recordando nuestra infancia en Madrid y, cuando estoy en España, ¡cuántas veces no soñaré que estoy en Italia!