Pacientes

Don Hugo: ¿No me diga usted, don Víctor, que aún no ha terminado la lectura de «Sueño y Mito» de Karl Abraham?

Don Víctor: Me va a perdonar usted, don Hugo, pero le confieso que ni siquiera he podido empezar.

Don Hugo: Pero, ¿cómo es posible?… Así, ¿cómo va usted a entender nunca la base onírico-infantil de todo mito?

Don Víctor: Justamente no tengo ojos ni tiempo más que para leer unos libros de historiales clínicos que me han llegado entre los papeles de mi tío Conrado, el de Bilbao.

Don Hugo: ¡Peor me lo pone usted, don Víctor!

Don Víctor: Calle, calle, que le he traído algunos extractos cuyo principal valor es que son literalmente auténticos. Escuche y tenga en cuenta que se trata de historiales clínicos donde recoge lo que le decían sus pacientes. Vamos allá: Uno: «No le molestan los zapatos».

Don Hugo: Clarísimo: libre de toda represión sexual…

Don Víctor: Dos: «Se mareó, se cayó, se levantó y tenía hepatitis».

Don Hugo: Eso es como en la «Antología del Disparate»: «Arquímedes se metió en la bañera, sufrió un empuje hacia arriba, miró y vio que era un principio»…. Eso es como una revelación en el contexto de un mito. Por ejemplo, Sigfrido entendiendo de repente el lenguaje de las aves.

Don Víctor: Tres: «Dieta de adelgazamiento con diuréticos, laxantes y hormonas, y en ese tiempo fallece su madre».

Don Hugo: El paciente establece la típica relación causal de orden mágico entre su carácter anal-explosivo y la eliminación de la madre.

Don Víctor: Cuarto: «El estrés le riza el pelo».

Don Hugo: La ansiedad que le genera su complejo de Edipo se traduce en rebeldía capilar, símbolo del enfrentamiento a la autoridad del Padre… yo lo denominaría «complejo de Absalón», variante del de Edipo.

Don Víctor: Cinco: «Habla por teléfono con la mujer y con la amante».

Don Hugo: Manifiesta el típico conflicto de todo hombre civilizado entre principio de realidad y principio de placer.

Don Víctor: Seis: «Se pone tirantes porque el cinturón le produce fatiga».

Don Hugo: El cinturón símboliza la unión matrimonial y los tirantes, por el contrario, la manga ancha en cuestiones morales… en definitiva, otra manifestación del mismo conflicto precedente.

Don Víctor: Siete: «Bebe ginebra y la soporta bien».

Don Hugo: Típica regresión del alcohólico a la fase oral.

Don Víctor: Ocho: «Es mandona pero duerme bien».

Don Hugo: Esta vez la regresión es de tipo narcisista autoritario.

Don Víctor: Nueve: «El cordero y el vino en porrón le producen cólicos».

Don Hugo: Clarísima somatización del primigenio sentimiento de culpa por la glotonería propia de la fase oral.

Don Víctor: Diez: «Suele cortarse las uñas en la playa o en Vitoria».

Don Hugo: ¡Complejo de castración, desde luego!… pero le confieso que eso de la playa y de Vitoria me deja desconcertado.

Don Víctor: Once: «Se encuentra estreñido desde que sus deposiciones no son explosivas».

Don Hugo: La típica alternancia del carácter dubitativo anal: tanto doy como retengo.

Don Víctor: Doce: «Mastica bien pero tiene crisis de estornudos que la dejan muy relajada».

Don Hugo: Mediante el estornudo, que es espiración, se libera de sus fantasmas. Y lo mejor es que es consciente de ello. Claramente iba camino de sanar.

Don Víctor: Trece: «Últimamente abusa menos de las almendras y la mojama».

Don Hugo: Sí, éste también iba bien, liberándose poco a poco de la mística sublimadora y abriéndose a una líbido consciente y adulta.

Don Víctor: Catorce: «Toca la trompeta y canta al mismo tiempo».

Don Hugo: Pero dígame usted, don Víctor, ¿cuál era la especialidad de su tío Conrado?

Don Víctor: Pues mire usted, don Hugo, no era psiquiatra, sino internista.

Don Hugo: ¿Sabe usted lo que le digo, don Víctor?… que ya puede usted devolverme el libro de Karl Abraham, que no le hace falta para nada… pero eso sí, mañana mismo, tráigame usted otros catorce apuntes de su tío. ¡Se lo ruego!

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