
Don Hugo: ¿Ve, don Víctor?… ¡Aquí han estado unos españoles!
Don Víctor: No me diga, don Hugo. ¿Cómo sabe que no eran extranjeros?
Don Hugo: Observe; no hace falta que se agache usted para reconocer estos montículos-testaccio.
Don Víctor: Lo admito: está «testada» la presencia de rumiantes hispánicos.
Don Hugo: Qué duda cabe que las pipas son el pienso que nos distingue en Europa…
Don Víctor: … con tanta indiscreción que Sherlock Holmes podría deducir de cada montón el sexo, la edad, la complexión física, el origen social y el tiempo que han pasado los comensales en este banco.
Don Hugo: La nacionalidad la habría deducido el mismo Watson por el desprecio de la papelera y de los que vengan detrás.
Don Víctor: Y lo peor es ver la escena: escupitajo va, escupitajo viene… y venga dedos metidos en la boca…
Don Hugo: ¡Qué escena tan primitiva!… y no se me soliviante, don Víctor, que por esta vez no le sacaré a Freud.
Don Víctor: Incluso más que de primitivismo, yo hablaría de un bienestar primigenio que nos asemeja al animal satisfecho en situación reposada, rumiando o comiendo tranquilamente, sin necesidad de pensar en nada y menos de hablar.
Don Hugo: Hay otro pueblo primitivo que ha encontrado otro placebo oral, y por tanto infantil, que es sublimación de la succión del lactante…
Don Víctor: Pare, don Hugo, que para hablarme de los americanos y su chicle no hace falta que nos echemos al monte.