
Don Hugo: ¡Pues no va Isidro Cuenca y me devuelve el libro que le regalé por su cumpleaños!
Don Víctor: ¿No sería «Sueño y mito» de Karl Abraham?… Hombre, don Hugo, conociendo a Cuenca, debería haberme consultado antes…
Don Hugo: No, no, ése se lo regalé a usted. A Cuenca le elegí una antología de críticas taurinas de Cañabate, que antes bien que le gustaban los toros…
Don Víctor: ¡Pero si sabe usted perfectamente que se ha vuelto animalista!
Don Hugo: Un animal es lo que se ha vuelto, si es que no lo era ya, de mucho antes. Me espetó que era ilegible, que no había entendido ni una palabra, que vaya vocabulario y que últimamente ya no lee nada salvo lo que se escribe en el siglo XXI, que todo lo demás está obsoleto… Pues se lo he traído a usted, don Víctor, que sé que le va a gustar.
Don Víctor: Hombre, ¡aquí está!… aquel triunfo de Domingo Ortega en Barcelona. «El toro, como bravo que era, se creció en el castigo»… ¿Cómo demonios querría Cuenca que se dijera esto?…
Don Hugo: «El toro mostró resiliencia».
Don Víctor: «En su segundo, el de Borox cargó la suerte como sólo él sabe hacerlo»… ¿Y esto?…
Don Hugo: «Domingo Ortega se posicionó».
Don Víctor: ¡Caramba…! prosigamos: «El segundo astado, un auténtico marrajo, creó muchos problemas a la cuadrilla».
Don Hugo: «La conducta del segundo toro fue disruptiva».
Don Víctor: ¿A que no puede usted con ésta: «Ante semejante alimaña, el diestro hubo de recurrir a su probada intuición, anticipando los gañafones de la descompuesta embestida del Saltillo que cada vez desarrollaba más sentido hasta doctorarse en Latín por Salamanca»?
Don Hugo: «Domingo Ortega tuvo un comportamiento proactivo».
Don Víctor: ¡Vaya puyazos tan en su sitio que está usted dando, don Hugo!
Don Hugo: ¡Otra, otra, don Víctor…! Se van a enterar Cuenca y su prosa del siglo XXI!
Don Víctor: «Flaqueaba ya el cornúpeta y, para que no se le rajara, el Cebollero de Borox le daba prudentes respiros entre tanda y tanda de naturales».
Don Hugo: «No dudó Domingo Ortega en empoderar al toro».
Don Víctor: Acabemos antes de que nos suene el primer aviso. La última ya: «Supo rematar la faena con una soberbia estocada».
Don Hugo: «Implementó»