Pluriempleados

Don Víctor: Mi primo, el doctor Arregui, fue un pluriempleado.

Don Hugo: ¡Qué admirable aquella gente!… Ante lo magro de los salarios, ¡cuánto se multiplicaban para que no faltara lo indispensable a sus familias numerosas! ¡Si es que trabajaban como negros!

Don Víctor: Hombre, don Hugo, lo que es mi primo, como después de comer era médico en la EMT y, afortunadamente, apenas había accidentados, pues se tumbaba en la camilla del dispensario y, tras leer el diario «Ya» y fumarse su habano, se echaba unas siestas morrocotudas. Los practicantes tenían orden de no despertarle.

Don Hugo: Pues mire, don Víctor, aunque no estuvieran muy bien pagadas, sí que valían la pena aquellas siestas.

Don Víctor: Aún tenía mi primo sus quejas: una vez al año se procedía al reconocimiento de conductores y cobradores, y entonces el hombre, alzándose de la camilla, refunfuñaba: «¡Ay, qué trabajo!»

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