
Don Víctor: ¡Vaya noche la del sábado! ¡Menos mal que al final se arregló todo y cada uno en su casa y Dios en la de todos!
Don Hugo: Sí, «ustedes por aquí y ustedes por allá».
Don Víctor: Y que no es la primera vez que Isidro Cuenca nos mete en estos berenjenales… ¡que el día menos pensado tenemos un disgusto!… Hay que controlar lo que bebe…Todo el mundo estaba muy alegre, pero Cuenca acaba siempre por buscar pendencia.
Don Hugo: «Ni comían carne ni bebían vino».
Don Víctor: Y siempre es lo mismo: llega la cuenta y todos queremos pagar. Eso tan extranjero de que cada uno pague parte… ¡ni por asomo!
Don Hugo: «Vivían en comunidad de bienes y así todo lo compartían».
Don Víctor: ¡Vaya modales!… Si incluso algunos ya llegaban a las manos…
Don Hugo: «Tenían prohibidas la ira y la discordia».
Don Víctor: ¡Qué vergüenza que, a nuestra edad, nos echaran del tablao como a unos hooligans!
Don Hugo: «Vivían tranquilamente».
Don Víctor: Y una vez fuera, ¡vaya escándalo!… Todos discutiendo a grito pelado…
Don Hugo: «Solamente les estaba permitido hablar uno tras otro».
Don Víctor: … como que llamaron a los guardias por incumplir la ordenanza de ruido.
Don Hugo: «Observaban la ley mosaica».
Don Víctor: Y cuando Cuenca le mandó a la mierda al policía…
Don Hugo: «En sábado ni siquiera hacían de vientre».
Don Víctor: Bueno, unas horas en la prevención y ya de madrugada, le soltaron, pero ¿a quién les tocó aguantar, de camino a su casa, todas sus blasfemias, improperios y bravuconadas?… Pues, ¿a quién va a ser?… A usted y a mí, don Hugo, que somos unos benditos.
Don Hugo: ¡Qué poco nos parecemos a los esenios, don Víctor. «Al amanecer rendían culto al Sol y proclamaban alabanzas a la luz pura».