Fútbol y toros

Don Víctor: Le tengo que enseñar esa revista antigua: de izquierda a derecha, sentados a una mesa están Pérez de Ayala, Valle Inclán, lozano aún, y un jovencísimo Juan Belmonte.

Don Hugo: ¿Y no estaba Sebastián Miranda?

Don Víctor: Se ve que ese día estaba algo indispuesto. Falta también Romero de Torres, por cierto…

Don Hugo: ¿Cuándo nuestros futbolistas han estado en condiciones de compartir mesa con Ortega, con el doctor Marañón, con Unamuno y con Sánchez-Albornoz, por ejemplo?

Don Víctor: ¿Se imagina usted actualmente al doctor Barbacid, a Sánchez-Dragó y a Muñoz Molina con Iniesta y Sergio Ramos?…

Don Hugo: En cambio usted y yo asistimos juntos una vez a la conferencia que dio Domingo Ortega, el paleto de Borox, en el Ateneo…

Don Víctor: Cuántas veces no habremos comentado las anécdotas, que nos aparecían en nuestras lecturas y en las tertulias, de aquellos Cúchares, Lagartijo, Guerrita, el Gallo, Belmonte y tantos otros… ¡Qué gracejo, qué ocurrencias!… en definitiva: ¡qué cultura popular!

Don Hugo: ¿Y nuestros futbolistas, de qué planeta se han caído?… Desclasados, sin raíces en ninguna parte, parcos de palabra como romos de entendimiento… ¡Si no tienen el mínimo discurso!

Don Víctor: A diferencia de los jugadores británicos… pienso en las cuchufletas de un George Best o de un Lineker…

Don Hugo: ¡Puro casticismo inglés!… alimentado en el ambiente del pub que nunca abandonaron.

Don Víctor: Sí, claro, pero al final les está pasando lo mismo que a los nuestros: cada vez hay más dinero de por medio, más extranjeros en todas partes, se impone un modo de vida artificial y exclusivo… ¡Si su máximo exponente es Beckham!…

Don Hugo: Ni se han dedicado a estudiar y a adquirir una cultura académica ni han cultivado la relación con su entorno originario.

Don Víctor: ¿Cómo no se nos habían de volver marcianos?

Don Hugo: Pero mire usted, don Víctor, ¡qué bien estuvo -¿hará cuánto: dos, tres años?- Esplá platicando con Boadella en los teatros del Canal!

Don Víctor: Sigue siendo otro mundo, don Hugo.

Don Hugo: Lo que decía Cañabate: «el planeta de los toros».

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