
Don Hugo: Lea, lea, don Víctor, vea cómo tengo razón. Narváez salpica su discurso de «pollos».
Don Víctor: Sí, es cierto, le llama «pollo» a Beramendi… aquí también a otro personaje…
Don Hugo: Un poco más adelante el propio Galdós explica que se refería con ello a cualquier persona y cómo aquel término pasó al acervo popular.
Don Víctor: Pues sí, de hecho Julita siempre me dice que en España nadie decía «macho» hasta que vino Negrete en la postguerra, con sus «a lo macho», «palabra de macho», «machos de Jalisco»…
Don Hugo: Y pasamos todos a llamarnos «machos» unos a otros…
Don Víctor: Pues otro tanto ocurrió, creo yo, con el «jefe». Aquí nadie lo decía hasta que, algo después, no llegaran las películas de Cantinflas.
Don Hugo: Y entonces, en los bares, en los talleres, en las peluquerías, todos pasamos a ser «jefes».
Don Víctor: No nos faltaba más que eso, don Hugo… que nos dieran ideas, con lo maleducados que somos… Me contó mi nieto Miguelito, a la vuelta de un intercambio con Francia, que allí los niños siguen llamando monsieur y madame a sus profesores.
Don Hugo: ¡Eso nunca, jefe, aquí todos somos bien machos y no hay pollo que nos obligue a llamarle «señor»!