
Don Hugo: Por eso los he traído aquí, porque esta arquitectura es una de las mejores expresiones del pecado original hecho monumento.
Don Víctor: Hombre, don Hugo, conozco una docena de rascacielos en Manhattan que son aún más arrogantes…
Don Hugo: Sí, pero no dejan de ser meros remedos, corregidos y aumentados, de Babel, que nada demuestran… La cuestión es otra… ¡la diabólica geometría!
Don Víctor: No sé por qué lo dice, pero vengo sintiendo un reconcome como de escaparme al bosque lanzándome por una de estas ventanas panorámicas…
Don Hugo: Sí, le comprendo, don Víctor; no dejaría usted de ser un trasunto de Tarzán, proyección de nuestro ello en su deseo de retornar a la inconsciencia plena.
Don Víctor: ¿Cómo, una regresión…
Don Hugo: ¡filogenética!
Don Víctor: … a un estadio primitivo?… En el fondo, ¡qué envidia me dan los monos!
Don Víctor: Sí, claro, es que esos primos nuestros sí que supieron escarmentar en cabeza ajena… Se cuidaron y se cuidan mucho de comer del fruto prohibido, ellos que no le hacen ascos ni a las moscas y se dan la vida padre, completamente despreocupados.
Don Víctor: ¡Pues es cierto, don Hugo, siguen viviendo en el Paraíso Terrenal!… mientras que nosotros, exiliados, no sabemos más que rodearnos de límites y geometrías que, poco a poco, van invadiéndolo todo y acorralando el Edén.