
Don Hugo: Entonces… ¿desde el primer momento?
Don Víctor: En cuanto estalló la guerra, mi primo Andrés se enfundó el mono de miliciano.
Don Hugo: Don Víctor, dígame, Andrés ¿cuál era, el gordito o el alto?
Don Víctor: ¡Gordo y bien gordo! Tanto que le llamábamos Baúles… Fíjese usted, don Hugo, que iba por la calle su madre con otra señora de derechas y en esto que las adelantó con otros milicianos y, viéndole de espaldas, la amiga dijo sin conocerle: “Mire, doña Margarita, ¡qué mal les queda a las regordetas el disfraz de miliciano!”